miércoles, 20 de julio de 2011

La luz del rayo


Ah, sí…recuerdo aquella noche bajo la lluvia ácida de otoño. Los Revisores llegaron pronto, resguardando las pantallas de litio bajo sus amplios abrigos, mientras fumaban el opio de las cabezas de la gente. Fuera los peatones se amontonaban en las aceras, cruzando de punta a punta la urbe amarilla. Entre ellos, los Revisores pasaban sin ser advertidos, seleccionando tan solo las más aptas víctimas soñadoras.

Pero yo… yo no soy como ellos, mendigando en círculos para echarse a la boca un solo resquicio de placer y tortura. Yo soy quien viéndolos, los devoro uno a uno. Siempre existen, siempre se multipilican, cayendo sobre la ciudad como ratas infectadas de rabia y hambre. Pero aquella noche mi festín fue mayor que el suyo. Banquete de desgarramientos al filo de la hora más oscura, evaporación de fútiles existencias. El despertar se tornó eléctrico.

Fue una gloriosa jornada, y aún divierte mi mente y mi espíritu, ahora que vago entre los dos mundos…


Gritaba el frágil cachorro durante la hegemonía de Urano. La urbe dormía bajo el sudor frío de la noche, haciendo brillar las calles en una fiesta de luces y reflejos acuosos. Sobre el nido, ella miraba al pequeño, tembloroso en su ansiedad y hambre infantil. Así, batiendo en silencio las alas se precipitó hacia el cielo, trazando saltos en la tierra con su inquisitiva mirada circular. Hoy regresaría, como cada vez, con sangre caliente entre sus garras, sin arrepentimiento, sin pasión.

Las estrellas no habían cambiado cuando el final cerró el libro de la víctima. Y sí, ocurrió un grito más profundo, implorante de escapada y furia, que acabó enmudeciendo bajo el epílogo de la cría. Ella estaba satisfecha, y la sangre aún decoraría de triunfo un tiempo sus armas de cazadora.

Mientras, Urano seguía sonriendo en un perfecto arco de luna.

lunes, 11 de julio de 2011


El día de la retirada, Mir’Amnia cabalgó exhausta sobre tierras rojas de óxido, aridez y sangre derramada. Lo que quedaba de su reino era ella misma, tras las batalla con aquellas armas que hacían desaparecer los objetivos explotándolos en una nube de polvo de sueño. Grr-muhva la llevaba suavemente sobre su lomo, buscando un camino en medio del desierto de luz.

No hay destino, no hay vientre de la fértil natura en la que abandonarse a la placidez del futuro. Mir’Amnia lo sabía, y la hipérbole ausencia de su legado quedaría en recuerdos que nadie creería jamás. Arriba, la diosa seguiría mirándola desde su palacio de dos faces, única testigo de lo que una vez llegó a ser. Con sus ojos cerrados intentaba adivinar su porvenir, pero, ¿no he dicho ya que no hay destino?

Las respuestas perlarían el largo camino como el sudor de medianoche, oportunidades para crear nuevos reinos, nuevas aleaciones de paz y simiente.

Y quizás, llegaría la hora.

La reina de ónice


Te quiero como una vez fuiste: roja, inmensa, poderosa. Con látex entre las venas, naciste rociada de noche. La profusa luz de neón, barriendo tu cuerpo más allá de la medianoche, desdibujaba los contornos de tu voluntad. Féretros de envidia enfundados en miradas asombradas hicieron desfiles en tu triunfal victoria a través de la humedad de la selva. Ellos serían el inicio de tu precipitación al vacío, de tu caer en prosa negra hacia el suelo.

Serás icono de un tiempo pretérito de decadencia, envuelta en la bandera de tu propio reino creado bajo el signo de la voz. Cuando el futuro ya no te fíe, un eco resonará tras tus pasos en todas las calles que pisaste, hastiadas de esa esencia que te arrastró tan pronto a tu demencial radiografía.

Al final, has comenzado a sangrar la pulsión de la nostalgia, avanzando hacia el marchitar de tu hegemonía. Así, quiero enmarcarte ahora en el ideal que yo te construí. Sentada como una reina de ónice en el trono de la noche, intoxicada de música y sal.

lunes, 4 de julio de 2011


- Si las flores del pasado pudiesen ver tu rostro, oh, mi querida hija, revivirían sólo para contemplarte, para después marchitarse de dolor, asfixiadas de envidia. Cuando las luces de éste mundo se apaguen y nos separen eones, tu tez seguirá sin mácula y serás por siempre el último testimonio de la belleza con la que una vez soñamos los humanos.

- Necio ambicioso, ¿en qué he nacido? Encerrada en un cascarón de oro blanco, vacía de alma por dentro, eternamente encarcelada en un ideal. ¿De qué sirve ser baluarte de Venus si jamás comprenderé lo que ella guarda en su corazón?

Al pie de la puerta su vano suspiró licuando el aire. Cruzar sin llave y descubrir el yo de mis sueños significaba la manzana del paraíso. Levanta tus zapatitos de charol y prueba a ver qué hay en el jardín del Eterno, cantos de delirio conducirán tus pasos. Pero aún no, aún estoy al principio, tratando de adivinar la última estrofa antes del suicidio del despertar.

jueves, 26 de mayo de 2011

Riful


Riful es mi antigüedad hablándome del primer despertar bajo la bóveda de Caos. Ella, suprema, violencia silenciosa de la caverna, tambalea sus piernas sobre trono de carmín y espadas rotas. Cuando habla el aire se rompe, como la sangre que se hiela ante la vibración del pánico vivo. Si en tu caminar alrededor de la cara luminosa del mundo tropiezas con ella, sabrás que el calendario ha muerto en tus latidos.

Cierra tu mente y alcanza el milagro de la supervivencia. Tu espada será una reliquia muy bonita del devenir de tu aventura, mas de nada servirá si la de hiriente sonrisa se fija en tí. Conoces todas las artes de la guerra, todos los enemigos han doblado sus rodillas ante tí, vomitando sus últimas palabras como vasallos arrepentidos. Pero ella nunca lo hará.

Muchas de mis amadas hermanas cayeron hacia la noche de sus días al abrir las fauces de Riful, la de inquietante mirada.

lunes, 23 de mayo de 2011

El Tango


Si pido perdón, todos mis fantasmas del pasado callarán sus lamentos en éste corazón que no ha sabido mas que echarte de menos. Quién sabe si los años son los que me fueron haciendo así. Tan sólo mi mano de nuevo en tu cadera bailando al son de un tango podría hacerme feliz ahora. El movimiento de tu pelo negro, el tacto de tus piernas al descontar los minutos, tu mirada dulce de ángel exterminador… Eras la preferida del lugar, contaminada del humo de tabaco de todos los que te desearon. Pero al terminarse la canción caíste en mis brazos, que ya nunca te soltaron.

Si con el tiempo fui cruel contigo, hoy es cuando me di cuenta. Sinsabor de besos ausentes, alojados en mi culpa. Cuando el tango vuelva a sonar, volaré de nuevo hacia tus brazos convertido en un hombre nuevo. Cuando el tango vuelva a sonar, pagaré ésta deuda que ha sido quererte hasta la muerte y no haber sabido nunca cómo amarte.